Terapia bloguera #Lucesysombras

Vivir una maternidad consciente es una experiencia potente, súper poderosa. Tanto, que se puede llegar a girar y acabas pensando que está en tu contra. Estar presente en el día a día de la crianza de tus hijos/as, ser una madre o un padre de ojos atentos que observa y percibe la sensibilidad y el bienestar de tus criaturas, que reflexiona las decisiones que toma y trata de hacerlo todo con coherencia y responsabilidad, no siempre es sencillo.

MONTSE Y JAVI-9601

Foto de David Ruiz

La comunidad de mujeres mayores de 50 años que me rodea siempre me deja caer que pienso demasiado las cosas, que a veces me complico cuando me pongo a explicarle a mis hijas cómo puede afectarles que coman mucho dulce, o porqué deben comer variado, qué efectos tiene tirar papeles al suelo o no apagar el agua del grifo mientras se cepillan los dientes, o porqué no les pongo más la tele cuando necesito un respiro.

A menudo les contesto que “lo hago así porque me sale del corazón”, y también suelo decir “las madres y padres de hoy en día, como es lógico, somos diferentes a vosotras. Igual que vosotras no fuisteis iguales que vuestras madres”.

Ahora bien, no siempre es sencillo vivir una maternidad consciente porque la crianza tiene contradicciones, altibajos, días grises y días arcoiris… la crianza tiene sus luces y sus sombras, como bien lo explica Laura Gutman en “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, un gran libro que te hace sentirte normal y acompañada como madre consciente del siglo XXI.

Son pocos los blogs que recogen experiencias duras, difíciles y traumáticas durante la crianza de sus hijas. Muchas amigas y amigos me preguntan porqué inicié mi blog, y creo que el principal motivo fue para usar esta ventana al mundo como terapia durante mi maternidad. Mi pareja siempre me decía: “pero los blogs que lees, que hablan de Montessori en casa, de respetar a tu hija, de llevártela al campo y fliparla con geocaching… ¿nunca mencionan aquél rato en el que te mueres de sueño y tu hija explota de energía y quieres gritarle y no logras aguantarte y le gritas? ¿no hablan de los momentos de exaltación de los niños en el parque cuando no se quieren marchar y al final alguien te dice cógelo y te lo llevas para casa, sin más, no le cuentes más historias, y tú lo haces y te sientes mal? ¿explican esos blogs que a veces te quieres ir a otro mundo y no ver a tus hijos durante un rato o unos días porque te ahogas entre tanta niñez?”

“Si los blogs que lees crees que no reflejan la realidad, escribe tú un blog con historias de verdad”. Mi propia terapia bloguera me ha llevado a que, al final, use esta ventana como un espacio de positivización de la realidad, es decir, intentar proyectar todo lo más alegre y feliz de mi vida: la costura, las actividades más exitosas con mis hijas y mi familia, alguna comida o cosita hecha a mano en casa…

L1060415_webFoto realizada por mi hija Abril Pinto, con 20 meses, cuando empezó mi trabajo de parto de Lluna

Sin embargo, la llegada de la primavera en todo su esplendor, de repente y sin avisar, han hecho que mi casa se haya revuelto bastante igual que en muchas otras. Y es que esta mañana una amiga y yo hemos hablado de nuevo de porqué carajo no aparecen “historias terribles” de crianza respetuosa y consciente en los blogs, de meteduras de pata, de resbalones de ética, de incoherencias y desbarajustes en las casas. Y me he acordado de muuuuucha gente que siempre me dice lo mismo, que hoy en día no queda bien comentar lo mal que lo estás pasando cuando tu hijo está totalmente fuera de sí y al final habéis explotado todos en casa.

Portada del libro MAMAMORFOSIS

Hace no mucho participé en Mamamorfosis. Las 200 caras de la luna, un libro electrónico que recoge testimonios reales de maternidad consciente de 200 madres de todo el mundo que marcará un antes y un después en tu devenir como madre; un proyecto altruista muy bonito, muy útil, sincero, amable y maravilloso de Aguamarina, la protagonista de Demicasaalmundo. En él participé en dos apartados: “Cómo entendí y me di cuenta de que mis hijos son mi espejo” (página 897 del libro) y “El papá que apoya y comprende” (página 796 del libro).

Aquí os dejo el primer relato de cómo me di cuenta por primera vez de que debía convivir con mi propia sombra, aceptarla, entenderla, amarla y así superarla para vivir de un modo más equilibrado.

 

“Mamá, tranquila, tranquila, te estás poniendo nerviosa”, me dijo Abril, entonces de 34 meses, cuando me vio una vez más perder los nervios en 10 días consecutivos. Unos días antes, Abril gritaba, pataleaba, me intentaba pegar, tiraba cosas al suelo, se cabreaba violentamente tanto conmigo como con Lluna (20 meses menor que Abril)… Era horroroso. Lluna estaba más enérgica que nunca, un poco rebelde también. Un día llegó Javi y me dijo: “veo a Abril con la mirada perdida, como desquiciada”. Esa palabra se me clavó en el alma, tal y como ella describía a la niña, así me veía yo, desquiciada y perdida.  Un día sales de ti misma, te pones los prismas de “soy otra mamá y estoy mirando una escena de otra familia” y alucinas con las reacciones que en realidad estás teniendo tú misma. Ese día, decides pedirle ayuda a un profesional. Ese día sentí que había tocado uno de mis primeros fondos (sé que la crianza me pondrá frente a mis ojos más situaciones dolorosas), y no podía permitirme perpetuar aquella situación. 

 Llevaba ira guardada, llevaba cansancio acumulado, me dedicaba muy pocos minutos al día a mí o simplemente me separaba muy pocos minutos al día de mis hijas, me sentía lejos de mi pareja, me sentía, de repente, muy lejos de mi papel en la vida, de mi maternidad. Y es que ser madre cuidadora-educadora exclusivamente es un privilegio, pero también puede ser muy agotador física y mentalmente si no sabes dónde estás y para qué estás. Yo creía que lo sabía, pero lo que me había pasado es que mis hijas van creciendo, y yo tengo que adaptarme día a día a sus nuevas demandas y necesidades, y mis hijas habían dado un paso más allá, y yo me sentía perdida. Laura Gutman, a quien acabo de descubrir, dice en “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” “El bebé siente como propios todos los sentimientos de la mamá, sobre todo aquellos de los que no tenemos conciencia.” En mi caso me ha pasado con unas niñas pequeñas (que no son bebés), que me estaban enseñando que el nivel de tensión que ellas soportaban con uno de sus máximos referentes era justamente la tensión que yo sentía en mi interior conmigo misma. 

Me senté y revisé qué quería hacer con mi vida, si la maternidad sin trabajo profesional fuera de casa era lo que quería, y si sí era lo que quería (porque soy incapaz de renunciar a ello), de qué maneras podía sentirme mejor y dar la mayor protección y amor a mis hijas.

 

Así fue uno de mis primeros episodios de explosión sin control que acabaron en una noche de lágrimas en mi cama, yo sola pensando cómo podía haber llegado hasta tal punto.

Pronto llegarán más relatos realistas como éste. Os deseo una feliz primavera, explosiva y tranquila si se puede pedir 😉

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1 Comments

  1. Sei

    Responder

    No podria haberlo descrito mejor…enhorabuena por haber encontrado esa sombra, enhorabuena por contar esto, enhorabuena por decir al mundo que aunque la maternidad es maravillosa te revuelve por dentro, te tambalea, te da una ostia sin esperarla, te hace encontrar tu propia sombra como bien nos cuenta nuestra amiga Laura, Mi casa es un desorden, mi niño me absorve, me demanda a todas horas, pero eso es parte del proceso y no voy a ocultar que hay dias que me iria de casa! Porque se cuenta lo bueno solo???El me está descubriendo mi sombra y doy gracias por ello cada dia! Entender eso y vivir con ello me hizo libre. Gracias Montse, un beso

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