El Camino de Santiago en bicicleta con nuestras 3 hijas

Este año tenemos como proyecto estival marcharnos con nuestras 3 hijas a hacer una parte del Camino de Santiago en bicicleta (el portugués).

Será en bicicleta, y Javi y yo seremos quienes llevemos a las pequeñas en carro. En principio pensamos 2 en el carro y una en sillita (Lluna no podría ir en sillita porque es inquieta, aunque sería una opción cómoda pues no pesa mucho). Al final existen todavía muchos flecos por perfilar pero poco a poco se irá definiendo la nueva aventura. A mi siempre me gusta leer mucho y estar bien enterada antes de partir, Javi siempre se relaja más y deja fluir las cosas. Equilibraremos nuestros distintos ritmos.

De momento vamos preparándonos poco a poco, sobre todo yo que soy la que físicamente tengo que esforzarme bastante y entrenar previamente para no encontrarme con que llego etapa tras etapa con la lengua fuera, y teniendo que hacer de madre cuidadora y protectora y amamanta-niñas, jajaja.

IMG_20160407_124725

Paseando cerca de la rotonda histórica “Las 12 calles” en Aranjuez, con Aran (con adaptador de bebé) y Lluna en el carrito

Lo más interesante de esta nueva aventura es la emoción que siento ; cómo me pongo nerviosa al sentir un hormigueo por la barriga que se extiende por el cuerpo, cuando visualizo distintos momentos del viaje. Levantarnos por la mañana en un camping y ponernos en marcha, la caida de la lluvia al inicio de una etapa, el hambre de nuestras niñas al llegar a un sitio y no tener ningún alimento apetecible, perdernos en el camino, el dolor de piernas y de cabeza tras una dura etapa, el instante de la llegada a la plaza del Obradoiro…

Si os fijáis, los momentos del viaje que acabo de mencionar están narrados de una manera bastante neutra, sin añadir adjetivos que describan exactamente la reacción o emoción concreta que se puede sentir frente a esos momentos. Desesperación, frustración, cansancio, emoción con llanto… Ésos serán los sentimientos que viva y que deberé superar, intentar siempre estar conectad con mi cuerpo y mi mente para dar un paso más allá y sentirme en paz con tal reto afrontado.

Hace tiempo que, bajo mi punto de vista, los retos que he asumido en mi vida son bien distintos al que vamos a afrontar este verano. A mi me parecen distintos, pero si me detengo y valoro lo que he recorrido, me doy cuenta de que he ganado muchas experiencias en la vida siendo madre que me van a resultar muy útiles en este viaje y en muchos otros: paciencia, perseverancia, empoderamiento físico, autoestima a la vez que merma de la misma…

Picos de Europa

Fotografías de la Expediciones Carolinas a las Tierras de América del Norte. V Centenario del Nacimiento de Carlos V

Sin embargo, el otro día mi pareja me hizo pensar en lo que viví en la Ruta Quetzal 2000 cuando tan sólo tenía 16 años, y llamó mi atención y me dijo que probablemente el Camino de Santiago tendrá momentos que reviviré de mi experiencia cuando era sólo una adolescente. Me emocioné y me dije: tú puedes, y vas a poder más que nunca.

También me acordé de otras aventuras y momentos intensos vividos en Ecuador, en Colombia, en Mongolia… Y llegué a la conclusión de que me gusta ponerme pequeños objetivos a medio y largo plazo, así que ahora mismo voy a asentar los siguientes.

DSC03208

Intentando subir la cara Sur de los Illinizas en la Sierra de Ecuador en el 2009

Bicicletear un tramo del Camino de Santiago con mis 3 hijas y mi pareja

Hacer cima del pico Aneto (en un máximo de 5 años)

Hacer un retiro Vipassana de 10 días (en un máximo de 10 años)

Y vosotras/os, ¿os gusta poneros pequeños retos a medio-largo plazo?

¿Qué os gustaría hacer, así a lo grande, en los próximos años?

¿O sois más de pequeños retos diarios? Yo también los tengo 😉 Un día os los cuento…