Visita la granja La Bassa

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El passat diumenge vam arribar a La Granja La Bassa a les 11:30 del matí. Allà hi havien parelles, famílies i gent de totes les edats. Durant 2 hores vam poder gaudir de conéixer de més a prop una gran família formada per rucs, cavalls, cavalls nans, cabres, ovelles porcs, porcs vietnamites, galls i gallines, paons, ànecs, tortugues… Aquest refugi de fauna salvatge val la pena. 

Feia temps que sentia a parlar d’aquest lloc per dos motius: el primer, per la granja que acollia animals de la zona, i el segon, perquè des de fa dos anys tenen en marxa un projecte educatiu alternatiu per a nens menors de 6 anys.

Així que el diumenge va ser el dia adequat per tal de gaudir d’un espai a prop de casa, educatiu i respectuós amb els animals. Les visites es fan d’11 a 13h els diumenges i pots estar lliurement per l’espai. Per tal d’arribar-hi mireu al seu web les indicacions que són correctes.

Mai he parlat al bloc de la meva opinió sobre els espais amb animals com a activitat d’oci i entreteniment, i si no ho he fet és perquè encara ara és un aspecte que m’incomoda personalment. Sempre tinc molts dubtes quan algú ens anima a anar a un zoològic, a un safari park, etc. Sempre s’obre el debat a casa, entre Javi i jo, i al final amb qui estiguem organitzant una sortida d’esbarjo.

Em sento tractant les bèsties amb superioritat, en una relació injusta quan elles no es poden defensar si es troben incòmodes. Educant a la meva canalla en una realitat que no és veritable, és fictícia, és dolorosa i patidora.

Aquest refugi de fauna salvatge està ubicat en un espai ampli i molt cuidat. Una finca amb una casa pairal preciosa. Allà intenten transmetre l’amor i el respecte pels animals, i crec que ho deuen aconseguir.

La Lluna va preguntar si es podia muntar al poni (al cavall nan), al que li van contestar: nosaltres creiem que als cavalls els hi pot no agradar que s’hi pugin a sobre persones perquè pesen molt i perquè els hi pot molestar, així que preferim donar-li’s abraçades i carícies.

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Amb el ruc Farigola 

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Terapia bloguera #Lucesysombras

Vivir una maternidad consciente es una experiencia potente, súper poderosa. Tanto, que se puede llegar a girar y acabas pensando que está en tu contra. Estar presente en el día a día de la crianza de tus hijos/as, ser una madre o un padre de ojos atentos que observa y percibe la sensibilidad y el bienestar de tus criaturas, que reflexiona las decisiones que toma y trata de hacerlo todo con coherencia y responsabilidad, no siempre es sencillo.

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Foto de David Ruiz

La comunidad de mujeres mayores de 50 años que me rodea siempre me deja caer que pienso demasiado las cosas, que a veces me complico cuando me pongo a explicarle a mis hijas cómo puede afectarles que coman mucho dulce, o porqué deben comer variado, qué efectos tiene tirar papeles al suelo o no apagar el agua del grifo mientras se cepillan los dientes, o porqué no les pongo más la tele cuando necesito un respiro.

A menudo les contesto que “lo hago así porque me sale del corazón”, y también suelo decir “las madres y padres de hoy en día, como es lógico, somos diferentes a vosotras. Igual que vosotras no fuisteis iguales que vuestras madres”.

Ahora bien, no siempre es sencillo vivir una maternidad consciente porque la crianza tiene contradicciones, altibajos, días grises y días arcoiris… la crianza tiene sus luces y sus sombras, como bien lo explica Laura Gutman en “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, un gran libro que te hace sentirte normal y acompañada como madre consciente del siglo XXI.

Son pocos los blogs que recogen experiencias duras, difíciles y traumáticas durante la crianza de sus hijas. Muchas amigas y amigos me preguntan porqué inicié mi blog, y creo que el principal motivo fue para usar esta ventana al mundo como terapia durante mi maternidad. Mi pareja siempre me decía: “pero los blogs que lees, que hablan de Montessori en casa, de respetar a tu hija, de llevártela al campo y fliparla con geocaching… ¿nunca mencionan aquél rato en el que te mueres de sueño y tu hija explota de energía y quieres gritarle y no logras aguantarte y le gritas? ¿no hablan de los momentos de exaltación de los niños en el parque cuando no se quieren marchar y al final alguien te dice cógelo y te lo llevas para casa, sin más, no le cuentes más historias, y tú lo haces y te sientes mal? ¿explican esos blogs que a veces te quieres ir a otro mundo y no ver a tus hijos durante un rato o unos días porque te ahogas entre tanta niñez?”

“Si los blogs que lees crees que no reflejan la realidad, escribe tú un blog con historias de verdad”. Mi propia terapia bloguera me ha llevado a que, al final, use esta ventana como un espacio de positivización de la realidad, es decir, intentar proyectar todo lo más alegre y feliz de mi vida: la costura, las actividades más exitosas con mis hijas y mi familia, alguna comida o cosita hecha a mano en casa…

L1060415_webFoto realizada por mi hija Abril Pinto, con 20 meses, cuando empezó mi trabajo de parto de Lluna

Sin embargo, la llegada de la primavera en todo su esplendor, de repente y sin avisar, han hecho que mi casa se haya revuelto bastante igual que en muchas otras. Y es que esta mañana una amiga y yo hemos hablado de nuevo de porqué carajo no aparecen “historias terribles” de crianza respetuosa y consciente en los blogs, de meteduras de pata, de resbalones de ética, de incoherencias y desbarajustes en las casas. Y me he acordado de muuuuucha gente que siempre me dice lo mismo, que hoy en día no queda bien comentar lo mal que lo estás pasando cuando tu hijo está totalmente fuera de sí y al final habéis explotado todos en casa.

Portada del libro MAMAMORFOSIS

Hace no mucho participé en Mamamorfosis. Las 200 caras de la luna, un libro electrónico que recoge testimonios reales de maternidad consciente de 200 madres de todo el mundo que marcará un antes y un después en tu devenir como madre; un proyecto altruista muy bonito, muy útil, sincero, amable y maravilloso de Aguamarina, la protagonista de Demicasaalmundo. En él participé en dos apartados: “Cómo entendí y me di cuenta de que mis hijos son mi espejo” (página 897 del libro) y “El papá que apoya y comprende” (página 796 del libro).

Aquí os dejo el primer relato de cómo me di cuenta por primera vez de que debía convivir con mi propia sombra, aceptarla, entenderla, amarla y así superarla para vivir de un modo más equilibrado.

 

“Mamá, tranquila, tranquila, te estás poniendo nerviosa”, me dijo Abril, entonces de 34 meses, cuando me vio una vez más perder los nervios en 10 días consecutivos. Unos días antes, Abril gritaba, pataleaba, me intentaba pegar, tiraba cosas al suelo, se cabreaba violentamente tanto conmigo como con Lluna (20 meses menor que Abril)… Era horroroso. Lluna estaba más enérgica que nunca, un poco rebelde también. Un día llegó Javi y me dijo: “veo a Abril con la mirada perdida, como desquiciada”. Esa palabra se me clavó en el alma, tal y como ella describía a la niña, así me veía yo, desquiciada y perdida.  Un día sales de ti misma, te pones los prismas de “soy otra mamá y estoy mirando una escena de otra familia” y alucinas con las reacciones que en realidad estás teniendo tú misma. Ese día, decides pedirle ayuda a un profesional. Ese día sentí que había tocado uno de mis primeros fondos (sé que la crianza me pondrá frente a mis ojos más situaciones dolorosas), y no podía permitirme perpetuar aquella situación. 

 Llevaba ira guardada, llevaba cansancio acumulado, me dedicaba muy pocos minutos al día a mí o simplemente me separaba muy pocos minutos al día de mis hijas, me sentía lejos de mi pareja, me sentía, de repente, muy lejos de mi papel en la vida, de mi maternidad. Y es que ser madre cuidadora-educadora exclusivamente es un privilegio, pero también puede ser muy agotador física y mentalmente si no sabes dónde estás y para qué estás. Yo creía que lo sabía, pero lo que me había pasado es que mis hijas van creciendo, y yo tengo que adaptarme día a día a sus nuevas demandas y necesidades, y mis hijas habían dado un paso más allá, y yo me sentía perdida. Laura Gutman, a quien acabo de descubrir, dice en “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” “El bebé siente como propios todos los sentimientos de la mamá, sobre todo aquellos de los que no tenemos conciencia.” En mi caso me ha pasado con unas niñas pequeñas (que no son bebés), que me estaban enseñando que el nivel de tensión que ellas soportaban con uno de sus máximos referentes era justamente la tensión que yo sentía en mi interior conmigo misma. 

Me senté y revisé qué quería hacer con mi vida, si la maternidad sin trabajo profesional fuera de casa era lo que quería, y si sí era lo que quería (porque soy incapaz de renunciar a ello), de qué maneras podía sentirme mejor y dar la mayor protección y amor a mis hijas.

 

Así fue uno de mis primeros episodios de explosión sin control que acabaron en una noche de lágrimas en mi cama, yo sola pensando cómo podía haber llegado hasta tal punto.

Pronto llegarán más relatos realistas como éste. Os deseo una feliz primavera, explosiva y tranquila si se puede pedir 😉

En silencio, medio desconectada

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El uso de internet móvil en Argentina ya es mayor que el de telefonía

Hace días que tengo más silencio en el cuerpo, más silencio en la cabeza, más atención en lo que me rodea. Vivo en silencio, medio desconectada. Masco mejor la realidad y, sobre todo, duermo mucho mejor, más relajada y tranquila. Y es que mi móvil está apagado. 

Hacía tiempo que me planteaba si me podía venir bien apagar un poco los aparatos que me acompañan en mi día a día: móvil -sobre todo whatsapp y visitas a páginas web y blogueras-, ordenador -sobre todo para escribir entradas-, y máquina de coser. Al final, el destino ha hecho que la clavija de mi móvil se haya estropeado y tras 4 días sin móvil ahora ando con uno muy antiguo y sin whatsapp (y creo que ni internet, ni me he preocupado en mirarlo).

El móvil ya no entra en mi habitación, el móvil ya no me interrumpe en la comida, el móvil ya no me distrae de un momento bonito con mis hijas, el móvil ya no me acompaña en el coche, ni en una conversación con una amiga o con mis padres que veo poco…

Yo, que soy intransigente y algo inflexible con mi opinión frente a los/as demás (esto sólo lo saben las personas más cercanas a mi, por suerte), siempre he querido evitar el consumo excesivo de TV, ordenador y móvil en mi vida. Desde hace 2 años vivo literalmente pegada al móvil, cada día más y más; tal y como hace la mayoría de personas de mi alrededor.

Seguro que os sentís identificadas/os cuando explico lo que me pasa con el móvil. La necesidad de comentar algo en el momento en el que se me pasa por la cabeza, a menudo algo sin cierta relevancia, que puede esperar. Estar cocinando y dejar de hacerlo para hacer una foto y mandárselo a mis amigos/as. Mirar a mi hija intentar gatear y agarrar el móvil para grabarla y luego compartirlo inmediatamente.

Todo parece inmediato, todo parece no poder esperar. El whatsapp y la conexión a internet en el móvil son útiles, eso no cabe que yo lo diga, pero no conozco a casi nadie que logre hacer un uso racional del mismo, un uso que no le entorpezca vivir el día a día con normalidad, sin una pantalla frente a sus ojos.

Que estás buscando una calle que no encuentras, pues le preguntas a una persona directamente sin consultar el googlemaps. Que estás mirando una peli y no te acuerdas del nombre del actor, pues no importa, no hace falta que lo consultes en internet, déjalo estar. Que te has acordado de un amigo para su cumpleaños, llámale y deja de lado el mensaje de voz. Si no te lo coge en el momento, inténtalo más tarde.

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Vacaciones en casa de los “iaios”. La pequeña y yo observamos a las mayores disfrutar juntas

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Trabajar pausadamente con las manos hace que las redes neuronales se activen

¿Qué he logrado durante esta semana sin whatsapp ni internet en el móvil?

  • He pasado más tiempo hablando con mi pareja
  • He estado más centrada mientras comía y cocinaba
  • No he estado pendiente de un mensaje inmediato, de una respuesta inmediata
  • He dejado de tener un acompañante en la sombra
  • He recuperado mi reloj de mano, así puedo mirar la hora cuando lo necesite sin necesidad de acudir al móvil
  • He tenido más tiempo en general
  • He llamado más a menudo a mi familia y amigos/as
  • He visitado a una amiga, tocándole el timbre de su casa, por sorpresa
  • Mi amiga me ha visitado por sorpresa, sin avisarme por whatsapp
  • He respirado un poquito más

¿Y tú, a menudo te sientes igual, un poco controlada por tus aparatos electrónicos?

Para, tiempo, para

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Cabeza pensante (Madrid)

Para, tiempo, por favor, para.

Anoche Aran se desveló un poco, dejé que se quedara despierta, necesitaba sentirla cerca, abrazarla, mirarle a la cara, besarla, hacerle reír, tocarle la piel de su cuerpecito, que supiera que yo soy su madre y estoy con ella.

Normalmente estos momentos son breves. Cuando nos despertamos por la mañana, tengo que arreglar a las 3 niñas e ir a llevar a Abril al cole. Intento hacerlo lo más pausado posible, pero el ritmo no deja de ser rápido. Por suerte, ya he conseguido evitar el ritmo “a toque de bocina” como digo yo. Cada día uso menos la expresión “venga, vamos, que llegamos tarde”, que retumba y retumba en mi cabeza.

A lo largo del día tengo momentos de complicidad con Aran, o con Lluna, o con Abril… pero siempre hay otra niña por ahí presente, estando, mirando de reojo, siento yo, y al final reparto amor a todas, que es precioso, pero no puedo detenerme en una sola largo rato sin que otra necesite de mi atención y amor.

Anoche mi pareja y yo estuvimos un rato juntas. Normalmente es difícil estar las 2 solas*, sin niñas, sin estar cansadas y a punto de dormirnos, sin móvil… Me sentí bien, luego me dormí, relajada, a su lado, en el sofá.

Últimamente el móvil, el whatsapp, conectarme a alguna amiga, a algún blog de costura o de educación… a algo que no sea crianza y niñas-crianza y niñas-crianza y niñas, aparentemente se convierte en una vía de escape pero al final me agobia, me hace no estar aquí, en el ahora.

Ayer estuve varias horas con el mantra en la cabeza: menudo lío hoy con la lluvia, nos hemos mojado las 4, y todo por llevar a Abril al cole, irla a recoger. También estuve casi toda la tarde con el mantra en la cabeza: malditas obras en la casa de arriba que no nos han dejado echarnos la siesta, aquí todas despiertas, cansadas, la tarde y noche que nos espera porque estaremos de mal humor…

A menudo me encallo en un pensamiento negativo porque las cosas, impredeciblemente, con niñas, no salen como yo desearía. Pareciera que con 3 niñas ésto debería haberlo superado. Lo impredecible es ley de vida, y es interesante aprovechar lo inesperado, una oportunidad para una nueva experiencia, una sonrisa, un llanto, un diluvio… 

A menudo se nos olvida que la vida se disfruta más cuando nos detenemos en los pequeños detalles, cuando se conecta con el aquí y el ahora.

Me pongo como objetivo esta semana dejar más de lado el móvil y demás aparatos, mi cabeza pensante en aquello que no conviene, y detenerme en lo pequeño de la vida, en lo importante de la vida.

https://www.facebook.com/NewsnerEspanol/videos/1049055685176007/

 

*Siempre hablamos en femenino, pero mi pareja es un chico 😉

El Camino de Santiago en bicicleta con nuestras 3 hijas

Este año tenemos como proyecto estival marcharnos con nuestras 3 hijas a hacer una parte del Camino de Santiago en bicicleta (el portugués).

Será en bicicleta, y Javi y yo seremos quienes llevemos a las pequeñas en carro. En principio pensamos 2 en el carro y una en sillita (Lluna no podría ir en sillita porque es inquieta, aunque sería una opción cómoda pues no pesa mucho). Al final existen todavía muchos flecos por perfilar pero poco a poco se irá definiendo la nueva aventura. A mi siempre me gusta leer mucho y estar bien enterada antes de partir, Javi siempre se relaja más y deja fluir las cosas. Equilibraremos nuestros distintos ritmos.

De momento vamos preparándonos poco a poco, sobre todo yo que soy la que físicamente tengo que esforzarme bastante y entrenar previamente para no encontrarme con que llego etapa tras etapa con la lengua fuera, y teniendo que hacer de madre cuidadora y protectora y amamanta-niñas, jajaja.

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Paseando cerca de la rotonda histórica “Las 12 calles” en Aranjuez, con Aran (con adaptador de bebé) y Lluna en el carrito

Lo más interesante de esta nueva aventura es la emoción que siento ; cómo me pongo nerviosa al sentir un hormigueo por la barriga que se extiende por el cuerpo, cuando visualizo distintos momentos del viaje. Levantarnos por la mañana en un camping y ponernos en marcha, la caida de la lluvia al inicio de una etapa, el hambre de nuestras niñas al llegar a un sitio y no tener ningún alimento apetecible, perdernos en el camino, el dolor de piernas y de cabeza tras una dura etapa, el instante de la llegada a la plaza del Obradoiro…

Si os fijáis, los momentos del viaje que acabo de mencionar están narrados de una manera bastante neutra, sin añadir adjetivos que describan exactamente la reacción o emoción concreta que se puede sentir frente a esos momentos. Desesperación, frustración, cansancio, emoción con llanto… Ésos serán los sentimientos que viva y que deberé superar, intentar siempre estar conectad con mi cuerpo y mi mente para dar un paso más allá y sentirme en paz con tal reto afrontado.

Hace tiempo que, bajo mi punto de vista, los retos que he asumido en mi vida son bien distintos al que vamos a afrontar este verano. A mi me parecen distintos, pero si me detengo y valoro lo que he recorrido, me doy cuenta de que he ganado muchas experiencias en la vida siendo madre que me van a resultar muy útiles en este viaje y en muchos otros: paciencia, perseverancia, empoderamiento físico, autoestima a la vez que merma de la misma…

Picos de Europa

Fotografías de la Expediciones Carolinas a las Tierras de América del Norte. V Centenario del Nacimiento de Carlos V

Sin embargo, el otro día mi pareja me hizo pensar en lo que viví en la Ruta Quetzal 2000 cuando tan sólo tenía 16 años, y llamó mi atención y me dijo que probablemente el Camino de Santiago tendrá momentos que reviviré de mi experiencia cuando era sólo una adolescente. Me emocioné y me dije: tú puedes, y vas a poder más que nunca.

También me acordé de otras aventuras y momentos intensos vividos en Ecuador, en Colombia, en Mongolia… Y llegué a la conclusión de que me gusta ponerme pequeños objetivos a medio y largo plazo, así que ahora mismo voy a asentar los siguientes.

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Intentando subir la cara Sur de los Illinizas en la Sierra de Ecuador en el 2009

Bicicletear un tramo del Camino de Santiago con mis 3 hijas y mi pareja

Hacer cima del pico Aneto (en un máximo de 5 años)

Hacer un retiro Vipassana de 10 días (en un máximo de 10 años)

Y vosotras/os, ¿os gusta poneros pequeños retos a medio-largo plazo?

¿Qué os gustaría hacer, así a lo grande, en los próximos años?

¿O sois más de pequeños retos diarios? Yo también los tengo 😉 Un día os los cuento…

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