Sarao Maravillao

Ilusión viva en el AtelierMeravelles

Ilusión significa algo que no es realmente verdadero y que está en la imaginación de una… también puede significar placer o satisfacción cuando cumplimos una tarea, o complacencia con una persona. El Sarao de Costura que tuvo lugar el pasado finde del 8 y 9 de julio en Barcelona fue todo eso.

El Atelier Meravelles fue el magnífico lugar que acogió tal evento, y Estela y Gerard los anfitriones que nos ayudaron a vivir una gran experiencia de aprendizaje, de superación, de compañerismo, de sororidad, de amor y una infinidad de emociones y sentimientos.

El Atelier Meravelles es un lugar mágico, inspirador, con vida, con identidad, con olor y personalidad. Es un lugar que te acoge. No es un lugar, es un hogar. Quien entre y abra sus sentidos lo podrá sentir. Este hogar lo han formado Estela, profesional de la moda, la confección, el patronaje, la costura y experta coach ilusionista e inspiradora, alegre y fresca… y Gerard, artista con múltiples facetas de diseño y arte que acompaña todo el proceso artístico y transformador, que viven todas las personas que por allí pasan.
El curso-monográfico de 18 horas concentradas en un fin de semana lo hemos configurado para que muchas chicas que cosemos desde hace unos años tanto patrones comerciales como patrones propios pudiéramos soltarnos todavía más de los esquemas tradicionales y manejar los puntos clave de los patrones básicos y transformarlos sin miedo, buscando nuestro yo, nuestra identidad, nuestra prenda única y versátil, con utilidad y belleza. Al final nos reunimos 12 chicas, algunas de nosotras veníamos de Madrid, otras de BCN capital, otras de la Catalunya central, todas con mucha ilusión y un equipaje repleto de telas.
Lo que la mayoría no se esperaba era que aquel espacio llamado Atelier Meravelles conseguiría tener tanto impacto en sus vidas, y es que Estela es rompedora, y su técnica para hacerte llegar la esencia del patronaje es indescriptible. No hay libros, no hay tecnicismos, no hay curvas demasiado pronunciadas, ni tetas caidas, ni muslos demasiado gruesos, ni mujeres encerradas en sus casas con sus hijos, ni entrepiernas que rozan, ni traseros demasiado pronunciados. Hay mujeres reales, mujeres que deben conocerse, mujeres que deben empoderarse porque tienen super poderes y así  poderse comer el mundo.
                 Bea flipando con su vestido étnico con volantes ¡tú sí que has crecido!
  Aquí la Montse viendo cómo resolver las costuras de mi pantalón de silueta ancha con godettes… ¿Sacaré finalmente algo de provecho de ellos?
         Posando con cariño con mi amiga Bea (muslamens incluidos)
        ¡Estamos borrachas de coseeeer!          Vamos a por una cerveza ¡¡¡ya!!!
Este curso ha sido indescriptible (para ver más información de lo que fue el curso, clica aquí), y seguramente irrepetible porque quizá no volvamos a ser las mismas 12 chicas, pero algunas ya han vuelto para hacer sesiones más reducidas, y otras ya se están informando para ver si organizaremos otro Sarao dentro de 6 meses o de 12.
Muchas lloramos, muchas nos liberamos, muchas nos entregamos, muchas nos cansamos, muchas nos desnudamos literalmente y disfrutamos hasta la saciedad aprendiendo de costura, riéndonos a carcajadas y sudando de tanto currar.
Yo confeccioné algunas prendas y en esta entrada os voy a enseñar una de ellas.
La prenda que os presento es muy vistosa y la verdad es que estoy muy contenta del resultado. El proceso creativo empezó mediante un juego con una tela muy bonita, con mucha caida y un estampado muy alegre y algo sesentero. El objetivo era conseguir una prenda versátil que tuviera disintos usos a lo largo del día o para días distintos.
Después de un buen rato dándole vueltas concluí en que me quedaba con mi retal de tela rectangular tal cual, y la magia se resolvia recogiendo la tela por distintos puntos mediante cordoncillos finos. Así, hice distintas pruebas hasta que la prenda acabó con 10 o 12 vasos comunicantes le diría yo que me ayudan a ajustarme la prenda a mi antojo. La pieza de tela está rematada en sangre, eso es, sin dobladillo, simplemente con una costura a unos 0,7 cm del borde.

Terapia bloguera #De consciencia gris a consciencia arcoiris

Llega el verano y junto al calor el buen rollo, las cervecitas y el despiporren. Atrás queda un curso, un año un tanto complejo en mi cabeza y en nuestro hogar.

Me cuesta, me cuesta y mucho expresar lo que he vivido últimamente cuando justamente creé este blog para poder abrir mi hogar y mi alma a aquellas personas cercanas a quienes les pudieran ayudar nuestros aciertos y aventuras, y también que vieran que toda familia tiene un rinconcito gris en su vida. Hay personas que se sentirán cercanas a mi mensaje y conectarán fácilmente porque alguna vez se han sentido así o porque viven con alguien que su cabeza tiene vida propia, y otras personas dejaréis este post como un rollo más de otra bloguera.

Desde hace unos meses mis despertares, mis hábitos diarios, la comunicación con mi pareja y mis hijas (principalmente en mi hogar) han sido torpes, con mensajes egoistas, llenos de cansancio y hartura, con poca empatía y amor. A menudo saltaba la queja, tipo “pero hija, cada santo día te tengo que decir que no grites y cojas tu linternita para ir a hacer pis?”. “Ya está bien de teta, todo el día con la teta, y teta y teta, ¿y mamá y sus tetas cuándo descansarán?” “Oye Javi, ¿no te parece que deberías haber recogido eso y aquello?”. Sin duda alguna me sentía en un caos interior y tratando de controlar mi pequeño entorno (pareja e hijas, que es donde más me ha afectado) sin mirar más allá, sin pensar que yo podía estar generando mal rollo y un torbellino de emociones negativas a mi alrededor.

Quien me conozca personalmente flipará porque soy muy feliciana, muy happyflower, una persona despierta y activa, amorosa y empática, generosa y entregada (así me veo yo). Pero también, creo que desde hace años, realmente desde la infancia, tengo algunos fallos que salen a la luz como son mi intransigencia o intolerancia, dominación o control, impaciencia en algunos casos, las expectativas no encontradas… que no me permiten ver, sentir y palpar las bondades de la vida. 

Sin duda alguna nadie tiene la clave para desbloquear una situación de tristeza, de mal humor, de agotamiento de las responsabilidades diarias y demás, pero es una misma quien debe quererse y decir basta: “yo me merezco ser feliz y no tengo ningún problema grave que me lo impida”. El día que te escuches y te lo digas, ese día te empezarás a querer un poco más y empezarás a respetarte. A partir de ese momento seguramente todo vaya a mejor. Si te trabajas tu interior podrás querer con honestidad y aceptación a los demás. Si no, siempre te seguirán los miedos, inseguridades y relaciones establecidas con complejos y comparaciones constantes.

¿Y si un día parece que he visto clarísimo el final del túnel y al día siguiente me veo chunga otra vez? Pues es un proceso natural y debes permitírtelo, porque tendrás altibajos y deberás aceptarlo y decirte: con esfuerzo y trabajo voy a conseguir ser una persona que se respete y se quiera, que SIEMPRE sea feliz y cuando haya un chubasco, este no nublará el arcoiris que es tu vida. Esto significa que no lo lograrás de la noche a la mañana, quizá te lleve 6 meses, 1 año o incluso más, pero establecerás una conexión con tu interior que te permitirá conocer perfectamente los mecanismos mentales y físicos que debes transformar hacia una vida más sana y plena.

Algunas de las herramientas que he empleado para ir teniendo más paz interior, más respeto conmigo misma y con quienes me rodean, más relatividad antes las pequeñas adversidades del día a día, son las siguientes (con mucha honestidad y cariño):

  • Ducha solitaria breve aunque las niñas estén purulando a mi alrededor: me ayudan a desconectar fisiológicamente mi ruido mental
  • (Hatha) yoga para ejercitar el cuerpo y la mente, con meditación y respiraciones profundas
  • Canciones con melodías positivas: elige canciones que te revuelvan el corazón hacia la felicidad y cántatelas mentalmente cuando ves que tu entorno te está superando y te estás enfureciendo (Vetusta Morla, Coque Malla, Jorge Drexler, Pedro Pastor… son algunos de mis ritmos happyflowers). Si no, directamente no haces caso de lo que te rodea y la pones y te pones a bailar. Esta técnica la uso desde hace poco y me encanta el efecto contagio que genera.
  • No discuto con mis hijas, no me enfrento ni entro al trapo (o eso intento, jejeje). Permito que el silencio y el tiempo invada mi mente y no les respondo, espero a poder atender su petición con un tono y una respuesta adecuadas.
  • Doy besos y abrazos cuando antes gritaba o levantaba la mano por falta de autocontrol. Trato de salir de mi ruido mental que me lleva a encenderme y cabrearme y pienso que estoy aquí y ahora solo hoy, solo hay presente.
  • Fuera cargas y compromisos. Cuando me siento con una mochila pesada, porque creo que debo poner la lavadora ya ya ya, o cocinar algo rico indispensablemente, o comprar aquello que hace falta, intento sacármelo de la cabeza y darle menos importancia y priorizar sin dejarme llevar por las responsabilidades de una madre “a la antigua usanza” por así decirlo. Así que intento hacer lo que es estrictamente necesario.
  • Visualizo aquellas personas que admiro por su valentía y poder de superación (como invita a hacer Rafael Santandreu). Pienso en personas que lo han tenido realmente jodido en la vida por adversidades enormes como guerras, ablación, abuso o discapacidades y se han superado debido a una capacidad de amor y valentía enormes. A pequeña escala, como a veces me he dicho que no era capaz de criar a 3 hijas tan pequeñas y blablabla, pues pienso en aquellas familias cuyo aura es siempre positivo o de aceptación de la realidad.
  • Priorizar aficiones. Dejar de lado el móvil y el whatsapp por las noches y acercarme a la lectura, afición que me gusta porque me llena la mente de silencio y me evade.

Algunas de mis últimas lecturas que me han ayudado a salir del bucle:

  • “El arte de no amargarse la vida” de Rafael Santandreu.
  • “Las escuelas que cambian el mundo” de César Bona.
  • “Cómo educar con firmeza y cariño. Disciplina positiva” de Jane Nelsen.

Y es que en realidad no somos como nuestras madres, ni como nuestros padres, y no lo tenemos ni mejor ni peor a la hora de trabajar, con nuestra carga horaria, con nuestros/as hijos/as que requieren atención y amor… La realidad es simplemente aquella que queramos ver, y yo quiero ser feliz con las circunstancias que tengo.

Los caminos son largos, son procesos en los que puedes encontrarte cansada, con hambre, con los músculos debilitados, con la mente centrada en otro sitio, a veces tienes que cambiar de dirección o ver las formas de decidir si seguir o no. Pero solo tú puedes decirte que el andar en el camino es bonito y no te ahogarás en un vaso de agua.

Felices en bicicleta

 

Salir de la rutina y descubrir nuevos lugares

Disfrutar de un gesto cotidiano (Lluna sacando la lengua)

Merendar y dejar pasar el tiempo en familia

Saltar, saltar y bailar

La vida es así, es larga y corta a la vez. “Los días son largos… y los años cortos…” (como suele decir Bei de Tigriteando ). 

GRACIAS, GRACIAS JAVI, GRACIAS HIJAS PACIENTES, GRACIAS FAMILIA Y GRACIAS AMIGAS Y AMIGOS.

Un abrazo enorme desde nuestro pequeño cosmos y quereros mucho, mucho mucho.

Sewing Song

Admirables. Porque un grupo de chicas se lanzaron a la aventura y lo hicieron todo con muuucho mimo. Los detalles lo han contado ya otras blogueras: lugar con encanto, cuadernos personalizados, taza chula, patrocinadores con regalos útiles y bonitos, fotos y videos para el recuerdo, planas-overlocks-remalladoras para experimentar, materiales a tutti plen…

Alentador. Porque alienta, alienta a hacer más costuras, más sewing camp, más amistades costuriles, más materiales nuevos con patrones nuevos.

Amistad. Porque aunque eramos muchas nos dio tiempo a conocernos un poco y, con algunas, forjar amistad.

Amor. Amor por el bebé de una bloguera, que no sé si mencionar 😉 porque tenía el tiempo que mi hija Aran que dejé en casa y lo cogí en brazos y lo abracé tanto como pude.

Bailongo. Porque bailamos y cantamos, tomaron copas y nos lo pasamos teta.

Bragas. Porque en el Sewing Camp cosí mis primeras bragas, para mi, y otras para la cocinera del albergue que resultó ser una chica formidable e inolvidable.

Cachondeo. Porque hubo mucho cachondeo desde el primer momento. Buen rollo, buen ambiente 😉

Calzoncillos. Porque le di un poquito la brasa a Mary con mis dudas sobre cómo mejorar los calzoncillos de mi marido.

Currantas. Porque si hay algo en común entre todas las participantes es que son/somos unas currantas de la vida. Porque somos (la mayoría) trabajadoras, madres, costureras, igual para un roto que para un descosido, dormimos poco y nos reponemos, y sacamos tiempo para el blog y para nuestras familias.

Gracias. Porque siempre me enseñaron que dar las gracias es de educación. Y porque cuando hay taaaaanto trabajo detrás nunca sobran las gracias. Y gracias a los patrocinadores 😉

Innovador. Porque es el primer Sewing Camp que se ha hecho en España y seguro que hay muchos lugares en el mundo donde todavía no se ha celebrado nada igual. ¡Sois unas pioneras!

Inolvidable. Porque fue el primero y primero solo hay uno.

Malas costureras. Porque aunque el término me genera controversia, debo reconocer que es canalla!! Y es que somos costureras de nueva generación, que usamos otros métodos, que aprendemos a lo loco, de forma autodidacta y con tejidos muy diferentes a los de antes, que no se planchan, que a veces se ondulan en el prensatelas…

Marido y familia. Porque de no ser por mi marido, mi chico, mi pareja, mi media naranja, que me animó a apuntarme y se encargó de cuidar de nuestras 3 hijas en todo momento, pues no hubiera podido ir.

Nocilla (¿o fue Nutella?). Porque aunque en casa trato de no consumir mucho azúcar ni chocolate, allí sacamos el bote y ala, ¡ancha es Castilla!

Sacaleches. Porque gracias al sacaleches de Linet de Lílula pude pasar mejor las noches.

Sarao. Porque desde entonces leo la palabra sarao en muchíiiismos espacios donde la costura y las blogueras se unen y hacen camino al andar.

Terapéutico. Porque aunque no lo sabéis porque no nos dio tiempo a conocernos a fondo, para mi el Sewing Camp lo resumiría con una palabra: terapéutico. Porque salí de casa y dormí sin mis hijas, como muchas de vosotras, pero también logré conectar conmigo misma como hacía tiempo que no lograba (porque pasar las 24h del día exclusivamente con tus hijas, sin ningún quehacer profesional extra, hacen que te vuelvas un poco hardcore!!) . Saqué mi faceta más natural: espotánea, despreocupada, graciosilla, risueña, creativa, y eso me dio mucha frescura y me hizo sentir genial.

 

Y podría continuar y continuar contando cosas sobre el Sewing Camp porque fue irrepetible.

Patrón: bragas de Hilos y más.

Telas: tela de rayas y tela lisa de La Pantigana Shop. Foe de Hilos y Más.

Enlaces: Cose con la Pantigana Shop: Enero.    Rums #4/17

El parto de mi hija Gala por Sandra Lozano

Sandra, mi gran amiga Sandra, amiga del alma, quien me ha introducido siempre en temas de sororidad, feminismo consciente, y un interminable etcétera… ha querido compartir con todas y todos vosotros su primera experiencia de parto en este humilde pero amoroso blog. Muchísimas gracias por abrirnos las puertas de tu nueva familia.

El parto de mi hija Gala

Siempre me han gustado los relatos de parto. Los detalles que cuentan madres y padres sobre cómo llegaron sus criaturas al mundo me resultan fascinantes. Por fin llegó el momento de vivirlo en mi propio cuerpo y ser la protagonista del acto más brutal y mágico de la naturaleza humana. Cada vez que he contado o me han preguntado qué tal fue el nacimiento de mi hija Gala, he sentido la necesidad de relatar no tanto los detalles técnicos concretos, sino las intensísimas emociones por las que pasé. Cuando contamos experiencias vividas solemos privilegiar la sucesión de hechos objetivos: qué acciones concretas ocurrieron, qué cosas se dijeron, en qué espacios transcurrieron las escenas, etc. Sin embargo, dejamos de lado o explicamos solo sucintamente qué emociones acompañaron la vivencia. Escribo este relato porque no me gustaría olvidar por nada del mundo lo que sentí en las largas horas en que mi cuerpo fue capaz de traer al mundo a mi preciosa hija.

Los detalles técnicos de mi parto se resumen fácilmente. Los describo brevemente para que sirvan de escenario del relato que viene después. Rompí la bolsa de las aguas un viernes a las 9 de la noche. Después de una ducha, una cena y dormir  un poco, llegamos al hospital a las 2 de la madrugada. Una vez comprobaron a través de los monitores que todo iba bien, nos dejaron dormir a mí y a mi marido plácidamente en nuestra habitación de dilatación. A las 9 de la mañana del sábado, aún sin contracciones, iniciaron el protocolo para provocarme el parto. Fueron necesarias tres pastillas de prostaglandinas (el conocido como misofar) y un total de 12 horas (6 de ellas con contracciones dolorosas) para borrar mi cuello del útero y situarme en una dilatación de 4 cm. Pedí entonces la epidural que me ayudó a dilatar hasta los 10 cm en tres horas. Con la epidural, mi matrona también me introdujo una pequeña dosis de oxitocina para corregir la ralentización de mi trabajo de parto. Al final de mi dilatación la dosis de anestesia se acabó y el expulsivo comenzó inmediatamente. Lo afronté sin anestesia y duró 40 minutos. No fue necesario ningún instrumento (ni fórceps, ni ventosas), no hubo episiotomía y no me desgarré el perineo. Solo fueron necesarios unos pocos puntos aquí y allá. A las tres y media de la madrugada del domingo mi hija Gala nació sana y maravillosa. Yo me recuperé del parto sin mucho problema.

Mientras todo eso ocurría, transité emociones intensísimas. Algunas las esperaba, otras fueron toda una sorpresa para mí. Todo comenzó con los nervios. Romper la bolsa de las aguas y saber que ya no había marcha atrás me hizo sentirme nerviosa como cuando se emprende un largo viaje. Aunque sabía que podía descansar en casa unas 9 horas, los nervios me empujaron a acudir antes al hospital. Además, sentía algo de preocupación: notaba a mi bebé moverse mucho, ¿le pasaría algo? También me sentía impaciente y con una tremenda curiosidad, ¿cómo sería todo? ¿cómo iba a ser mi parto? Recuerdo el vértigo en el estómago al salir de casa y saber que ya nunca volveríamos a ser dos, que la próxima vez que cruzara aquel umbral lo haríamos siendo tres. El pensamiento se me hizo tan abrumador que tuve que sacudir la cabeza y dejarlo ir.

Tras el descanso en el hospital y las primeras dosis de prostaglandinas la emoción que reinó fue el entusiasmo. Por fin despegábamos, comenzaba la aventura. Estaba llena de energía, con ganas de hacerlo bien y superar cualquier dificultad. ¡Cuánta ilusión tenía! Cuando asomaron las primeras contracciones, parecidas a los dolores menstruales pero mucho más intensas, me alegró superarlas. Aún mi cerebro estaba encendido y compartía la alegría con mi chico.

Después vino la decepción, cuando mis dos horas de contracciones intensas y regulares de regla no ayudaron a avanzar en el parto: mi cuello de útero seguía sin borrarse, apenas había cambiado de forma. La ilusión y la alegría me habían disparado como una bala a un estado demasiado optimista, como si ya todo estuviera hecho. Menos mal que Damien amortiguó mi decepción y la alivió con unas cuantas caricias y palabras de consuelo. Había que seguir adelante y ¡tener paciencia! La decepción tenía que diluirse.

Además de Damien, también la matrona supo ayudarme y reconducir mi actitud. Yo no paraba de hacerle preguntas, de calcular posibilidades, de debatir con ella las opciones… de intentar controlar la situación. Entonces me dijo: “me hablas desde lo mental, has de desconectar tu cerebro y centrarte en el proceso y las contracciones. Y disfrutarlo. Ningún otro parto será igual, este es único, es especial. Concéntrate en cada contracción y en cómo superarlas, una a una. Cada vez que superas una, estás más cerca de tu bebé”. Gracias a sus palabras me relajé, apagamos las luces, pusimos la música y entré en el estado animal que requiere parir.

Las siguientes dos horas fueron las contracciones de la fuerza.  Me concentré en mi cuerpo. En esta ocasión las iba superando visualizando metáforas de fortaleza y potencia. Pensé en que yo era el árbol de la vida, que la naturaleza me había elegido ese día para ser su canal, y que el dolor era parte de ese proceso, como cuando el árbol rompe la tierra para sacar sus raíces. Me imaginaba emergiendo de la tierra, con cada contracción una raíz salía a la superficie. Después vino a mi mente la figurita neolítica de la mujer sentada en un trono con dos leonas a los lados. Pensé en las leonas, en que se necesita la fuerza de dos felinas poderosas para superar cada contracción. Es un poder que todas tenemos dentro. Así transcurrió esta parte del proceso. No me crispaba, cabalgaba las contracciones, el dolor no me controlaba a mí, yo tenía las riendas.

Pero en las dos horas siguientes todo cambió. La intensidad y la frecuencia de las contracciones subieron varios niveles. Se me hizo muy difícil. Esta vez acudí a visualizarme en situaciones placenteras: la playa, el verano, Damien en el agua esperando a que yo le alcanzara, el agua fría, el sol… Pero el dolor me atropellaba. No me daba tiempo a descansar entre contracciones, un gran puñal se me metía en las entrañas cada dos minutos. La crispación ocupó todo el lugar, no podía relajar mi cuerpo ni respirar bien. Me asustaban las contracciones y las sufría… apareció el dichoso sufrimiento. Y no se fue. El tiempo se hizo eterno. Damien me ayudaba a no desesperar con sus palabras de aliento y su presencia. Al acabar las dos horas llegó la exigencia de la anestesia: la epidural fue como pasar del infierno al cielo, de la crispación a la relajación absoluta.

Disfruté de casi tres horas de la calma y la tranquilidad más reparadora que he experimentado jamás. Mi cerebro, eso sí, volvió a encenderse y no podía evitar transformar en palabras aquella sensación, que compartí con mi matrona. Volví a ser locuaz, recuperé mi yo racional. Llegó un ligero sueño, y me regodeé en el bienestar, aliviada de haber dejado atrás el sufrimiento. No quería que terminara, quería disfrutar mucho de esa calma. Mi apego por las sensaciones placenteras es un poco patológico, pero eso es otra historia… Eso sí, estuve todo el tiempo situada en el presente, sin pensar en lo que vendría después.

Unas horas más tarde, en la placidez de mi camilla, empecé a notar presión en la zona del pubis. Eran unas nuevas contracciones. En cada una de ellas la presión se hacía más evidente y en pocos minutos se convirtió en dolor, soportable, pero dolor. Pedí un poco más de anestesia, pero al hacerme un tacto mi matrona me anunció que llegábamos a la fase final, que quedaba poco, mejor seguir sin más dosis de epidural.

La intensidad de las nuevas contracciones me hicieron gritar, lo que me sorprendió a mí misma. Y enseguida apareció mi nuevo compañero de viaje: el miedo, o más bien, el pánico. Mi cuerpo empezó a temblar, sin parar (supe después que en parte el temblor era un efecto del fin de la anestesia, pero ello acompasó a la perfección la emoción del miedo). Tenía mucho miedo. ¿A qué exactamente tienes miedo? me preguntó mi matrona. A que llega una criatura! En ese instante se me hizo tan real lo que estaba a punto de ocurrir, tan extraordinario, tan extremadamente difícil! Eso unido al intenso dolor que me inundaba con cada contracción hizo que viviera el expulsivo paralizada emocionalmente. Aterrada. Gracias al equipo que me asistió en ese momento, fui avanzando a pesar del miedo. Aprendí a empujar, experimenté el alivio que supone empujar bien y lo duro que se hace cuando te indican no empujar para no desgarrarte. Sudaba, tenía calor y muchísima sed, molestias que mi chico iba aliviando con gran eficacia y amor. Mi expulsivo duró unos 40 minutos en los que el dolor fue ganando la batalla al miedo. Sentí impaciencia, exigía que “acabáramos ya”, el esfuerzo físico era insoportable. Sentí en dos ocasiones que me iba a desmayar, pero no sé cómo con un par de palabras de ánimo del equipo la sensación se pasaba. En uno de los pujos, me incorporé tanto que vi la cabeza de mi hija fuera. La vi y no la vi. No tenía ojos en ese momento, mi cuerpo era pura adrenalina. Cuando Gala por fin salió del canal de parto y aterrizó sobre mi regazo la sensación física de su peso, su calor y su suavidad son detalles que me acompañarán toda la vida. Sin embargo, no me permití disfrutar del momento hasta que no acabara el proceso y no se pasara el dolor. No me di permiso para reconocer plenamente a mi hija. Tardaron más de 30 minutos en coser los pequeños desgarros superficiales que sufrí, y esto se me hizo eterno. No solté a mi criatura, no dejé de darle la bienvenida, de acariciarla, pero esperaba a que estuviéramos las dos plenamente presentes en cuanto me dejaran cerrar mis piernas. Cuando acabaron rompí a llorar, por una mezcla de tensión, dolor y rendición. Ya estaba todo, qué difícil había sido. Necesité el consuelo que busca de niña cuando algo es demasiado intenso. Todo ello me sumió en un pequeño estado de shock, que aun me duraría unas horas en planta, ante el asombro de las matronas. No paré de repetir “es la cosa más difícil y más dura que he hecho en mi vida”. Poco a poco el miedo, el dolor y el shock pasaron y Gala y yo nos reencontramos. Ella también derrotada por el esfuerzo pasó la mayor parte del tiempo durmiendo. Me ayudaron en planta a que se enganchara a mi pecho… qué maravilla la naturalidad de dicho gesto. Ella mamaba de mi pecho derecho sin que ninguna de las dos lo hubiésemos hecho antes.

Las dos noches en el hospital las pasamos Damien y yo a solas con nuestra hija. Ello nos ayudó a rememorar lo ocurrido, a construir nuestro relato del viaje que acabábamos de culminar. Sirvió para purgar todas las emociones que habían surgido de una experiencia tan indescriptible y entender por qué ocurrió como ocurrió (por qué me asusté, por qué me crispé, cómo lo vivió él, cómo entendió cada circunstancia). Aquellas conversaciones fueron tremendamente útiles.

Confirmamos que todo lo inundó el amor, que se multiplicó por mil en aquella pequeña sala de dilatación. Se respiraba como el aire. En todo momento vivimos una compenetración absoluta, en la que Damien no necesitó de mis palabras para saber cómo debía acompañarme, lo supo instintivamente. Espero no olvidar nunca que mientras me convertía en madre fui profundamente amada.

Me encantaría volver a pasar  pronto por la experiencia de parir. Ahora que conozco las sensaciones por las que se puede pasar, espero saber rendirme antes, dejarme llevar más, confiar en mi cuerpo ciegamente, sin cuestionarlo, sin asustarme. Parir a mi hija Gala me ha enseñado a amar profundamente mi cuerpo y estarle agradecida eternamente por ser el canal de la vida.

Sandra L.

Parí en un hospital público de Barcelona y me sentí muy bien tratada. Nadie me faltó el respeto, al contrario, las matronas, auxiliares y enfermeras con las que traté tuvieron toda la delicadeza del mundo en su trato. Parí en la sanidad pública porque confío mucho en ella y me relaja saberme amparada por sus profesionales. Sin embargo, era consciente de que en el asunto del parto aún quedan bastantes asuntos que mejorar para parir de una forma completamente satisfactoria. De hecho, en distintos momentos de mi trabajo de parto, las matronas me dejaron entrever que están obligadas a seguir ciertos protocolos con los que no están de acuerdo. A mí me resultaron molestas los siguientes detalles que espero mejoren en el futuro:

– El protocolo de inducir el parto tras solo 12 horas después de la rotura de la bolsa parece, según la opinión de mucha gente (incluida la matrona que me asistió), un poco justo. Hay lugares en los que se deja hasta 36 horas, si el bebé y la madre están bien, obviamente. Quizás yo me habría puesto de parto sola de haber esperado un poco más. También si me hubieran permitido regresar a casa a dormir.

– El monitoreo constante es pesado, la verdad. Muy pesado. Es verdad que cuentan con monitores inalámbricos, pero son molestos igual, se mueven y a cada rato tienen que venir para recolocártelos. Impide el libre movimiento y también perturba en la concentración que se requiere para parir.

– Que se lleven al bebé cada mañana, los análisis, las pruebas. Son muchas. Se respeta el piel con piel las primeras dos horas y casi las primeras 12, pero luego la retahíla de procedimientos es excesiva. Quizás sería más razonable que, al menos, las pruebas se hicieran siempre en presencia de la madre y perdiendo su contacto lo menos posible.

Mi Caperucita Roja ya tiene 3 años

img_20161111_140232_web

Nuestra segunda hija ha cumplido 3 años, y lo hemos celebrado con una capa roja al estilo Caperucita Roja.

Hay muchos “dichos” de las personas mayores, sobre todo abuelas, que no comparto ni me convencen, pero hay uno que me lo quiero apropiar intensamente: “el tiempo pasa volando”, y yo le añado; “disfrútalo con tus hijas”.

Eres generosa, eres entregada con quienes te queremos.

Eres intrépida, eres inventora… (me recuerdas a alguien).

Donde la gente ve una tabla de madera tú ves una tabla de surf, un sombrero, o una sartén…

Tu imaginación siempre va más allá y más allá.

Eres sensible, no te gusta que te digamos que en ocasiones te equivocas.

Observas, observas sin que nos demos cuenta. Creo que tienes ojos en las espaldas, y orejas en el culo.

Amas los cuentos. Le cuentas cuentos a tu hermana bebé desde hace muuucho tiempo, y te inventas historias.

Las obras de teatro te abren una puerta al mundo de la interpretación. Te concentras y te centras. Siempre.

Te encantan las pelis surrealistas de los años 80 que te pone tu padre. La historia interminable, E.T., Stardust… 

Contigo hemos descubierto un nicho de mercado: inventar un niqab infantil para comer, así quizá logramos que te manches menos.

Usar tus manos es maravilloso porque te activa la mente y te hace descubrir y descubrir: masa de pan, plastilina, queso blando, masa de galleta, barro… cualquier elemento te sirve para mover y mover tus manos.

Prefieres estar tranquila, sin generar mucho ruido. Prefieres sonreír y estar feliz, aunque no siempre lo logras, aunque no siempre lo logramos.

Eres una apasionada de tu prima. Tu hermana mayor te necesita siempre aunque no te lo diga. Tu hermana pequeña te adora profundamente, eres su devoción.

Eres un reto diario, contigo nada es matemático. Si un día me sorprendes con algo, al siguiente ya no me sirve la solución que encontré el día interior. Si un día descubres una nueva utilidad a una cosa y me maravillas, al día siguiente buscarás una nueva forma de usar ese objeto…

Mucha gente mayor se fija en ti por la calle, por el supermercado… tu color de pelo, tu sonrisa tienen un poder de atracción increible… Eres muy sociable, necesitas contacto con la gente.

Necesitas amor, cariño, acompañamiento, guía, que te admiremos, que estemos contigo, que volemos contigo…

Te necesitamos, porque llegaste un Lunes, en Luna Creciente y fuiste una niña: Lluna. Naciste con una luna de chocolate, y te quedaste con nosotras para siempre. Llegaste para ofrecernos una oportunidad para aprender, para entender otro tipo de niña puesto que todas nuestras hijas sois tan diferentes. Llegaste porque Abril, tu hermana mayor, te necesitaba, igual que Aran ha llegado porque te necesita a ti.

Ayer me dijiste que querías tener otra hermanita, y pensé si realmente necesitas alguien en casa que tenga tu misma energía… Es imposible porque eres única.

img_20161111_085941_burst2_web

img_20161111_140246_web

img_20161111_140253_web

img_20161111_140924_web

Esta capa de Caperucita Roja está confeccionada con el patrón del libro Oliver + S Little Things to Sew. Tienen 2 tallas: una hasta 4 años y otra hasta 10 años. He echado en falta más tallas, pero es cierto que la talla de 4 años le va relativamente bien a mi hija de 3 años.

Coser esta capa no me ha resultado nada complicado. Las aperturas para los bolsillos son fáciles de rematar. Ahora bien, la capucha tenía que llegar hasta el extremo de la capa, hasta el extremo del cuello, pero no ha sido así.

5958016

 

Y después de este Tercer Aniversario esperamos siempre continuar contigo y ser igual o más felices todavía.

 

Patrón: Oliver + S Little Things To Sew. Red Riding Hood, talla hasta 4 años.

Telas: paño rojo de abrigo y tela estampada algodón 100% de Cal Joan.

Complementos: botón rojo forrado con máquina Prym y cintas decorativas de Hilos y más.

Enlaces: Menuda Inspiración de La Pantigana.